un dios mudo

4/16/2023

 

Siempre comparto esta imagen con mis alumnxs: imaginen que el tarot es un dios mudo que tiene 78 cartas para hablarnos de todo.

 

Ahora imaginen que también es un dios que se ha vuelto tan lúdico con su lenguaje como nosotrxs con el nuestro, dado que todo dios es a imagen y semejanza de su creación (o al revés, que es lo mismo): utiliza toda clase de tropos y recursos literarios para expresarse, como metáforas, sinécdoques, paralelismos, etc.

 

Ahora imaginen que, como su lenguaje es casi totalmente visual, esas construcciones, esos tropos, serán visuales. Ahora imaginen que lo que provoca una figura literaria es un extrañamiento provocado por la transformación que sufre el lenguaje para potenciar sus capacidades expresivas.

 

Esa transformación es un “hacerse notar”: el lenguaje deja de ser transaccional y con pretensiones de invisibilidad (que importe de qué se habla, qué denota el lenguaje y no cómo se diga, qué connota) y se vuelve visible. Con las imágenes de las cartas pasa lo mismo: ni una torre ni un rayo ni unas personas nos son ajenas, pero esos elementos combinados en un campo común se vuelven raros, ponen la atención en la propia imagen y no en aquello que denotarían (una torre, un rayo o unas personas “reales”). Es por eso que insisto tanto en la lectura visual y no en la que le adjudica ciertos significados a cada carta, donde las imágenes importan poco o solo importan como referentes de algo que está afuera de ellas mismas.

 

 

En la foto: Cuando se cortó el chorro te fuiste. Volvé con el bastón torcido, como quien vuelve con el caballo cansado y con el equipaje hecho lámpara, es decir, que lo que pesaba ahora te guíe. No pienses que te van a jugar, que las mismas cosas que había cuando te fuiste te estarán esperando cuando vuelvas.